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De la resposabilidad social

De la resposabilidad social

Lo cierto es que estamos presenciando la pérdida de poder del estado, instaurado como lo conocemos ahora en la Revolución Francesa, y que debe -al menos en teoría- encargarse del bienestar común. Uno de los empresarios más importantes de Suramérica, el colombiano Ardila Lule, suele decir que “no hay naciones, solo buenos negocios”; esto pone en evidencia que los intereses de los industriales son indiferentes a las fronteras, y por ende a los valores de identificación que ellas comprenden, haciendo que el peso del estado se aligere. Y es que este no es un problema de identidad exclusivamente, la perdida de impuestos por el libre tránsito de mercancias debilita el músculo financiero que los estados tienen para la inversión -principalmente social y cultural-, inversión que de más en más es encargada a las compañías privadas, que aprovechan la conyuntura para mejorar su percepción pública adoptando la etiqueta de ser “socialmente responsables”, a través de una fundación regularmente.

Esta retórica es efectiva, a tal punto que hasta especialistas en desarrollo de marca declaran con vehemencia que el estado debería dar libre a ese tipo de movimientos en donde el estado deje -pierda- la responsabilidad social y que se someta a la moralidad de las compañías (ecce Logo 41 -50). Estamos dispuestos a entregar nuestros patrimonios -de toda índole- a individuos que dirigen las grandes multinacionales por la fascinación que tenemos con los “nuevos” discursos, discursos de responsabilidad social, de bienestar para todos, del consumidor inteligente, de la voz para todos. Lo que más me preocupa es que nosotros, los comunicadores, no somos capaces de ver como esos discursos se configuran como una ilusión; sé muy bien que no es estupidez, tampoco ignorancia, sé que como el resto de consumidores nos hacemos los de la vista gorda, y compramos productos con el sello de “responsabilidad social” porque es más cómodo que actuar -realmente-, y que más bien llevamos nuestra moralidad a un estado de hibernación cuando estamos desarrollando la última campaña para Ecopetrol, porque es ese trabajo el que nos da la “vida que nos merecemos”. No pido nada diferente a que reconozcamos nuestro egoísmo, o que actuemos en consecuencia y tomemos desiciones críticas de consumo en el día a día (y no, no me refiero a publicar el descontento en twitter).

 

-el texto es producto de una reflexión rápida que escribí hace algún tiempo

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