• behance
  • facebook
  • twitter
No es un Cristhian Ramírez, es un McBess

No es un Cristhian Ramírez, es un McBess

Hace algún tiempo trabajé como diseñador gráfico en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, allí estaba rodeado no solamente de algunas de las obras de arte colombiano más importantes, sino también de un ambiente estimulante que me ayudó a aprender muchas cosas, no solamente en el desarrollo de la sensibilidad artística propiamente dicha, sino también en cuanto a la relación con los clientes y a lo que se debía -o no- hacer en algunos casos. Allí también vi, de primera mano, que detrás de algo “puro” como el arte hay un entramado complejo de relaciones políticas, egos, intereses comerciales o tributarios y, en últimas, plata.

En el museo pude identificar algunos fenómenos que para ese entonces me parecían llamativos, entre ellos la forma en la que el mercado del diseño se aproxima en sus formas al del arte. La importancia de la originalidad -valorada principalmente por ser el primero, no el mejor necesariamente-, la trascendencia del autor y su correspondiente estilo, o como dirían ellos, su cosmología visual[1]; y una incrementada capacidad de destrucción del artista -nuevo y/o desconocido- por el medio hacían parte de lo puedo resumir ahora en una sola palabra: trayectoria.

Galán

Cartel de la campaña presidencial de Galán. La obra más reconocida de Duque

En el diseño, sin embargo, el protagonismo del autor no es tan notorio como en el arte, en donde -y a pesar de lo que los artistas modernos quieran hacernos creer- es más importante el artista que la obra de arte. La investigación, conceptualización, y el desarrollo del proyecto y su respectiva credibilidad están ligados estrechamente a la trayectoria del artista o de la institución a la que representa; a medida que el reconocimiento -y la trayectoria- se incrementan la comunidad acepta que el artista argumente menos; lastimosamente esto puede conducir a la mediocridad del creador ya posicionado. Claro, eso no pasa solo en las artes, el diseño también está lleno de vacas  sagradas que “nunca se equivocan” -recuerdo particularmente a Carlos Duque y Martha Granados presentándose en el MamBo precisamente con ese apelativo-.

La trayectoria trae consigo un elemento adicional -presente también en el mercado general- y es que el deseo desbordado por la obra -o producción- puede llevar a la falsificación o “pirateo” de los elementos característicos del lenguaje propio del artista. Así puesta la cosa se puede hacer un juicio fácilmente; sin embargo la cosa se vuelve un poco más compleja cuando el copiador tiene que desplegar cierto nivel de experticia -tanto técnica como estética-. Hacer una falsificación o una copia no tiene mucho sentido si no se intenta hacerla lo mejor posible, ya que después de todo, lo que se busca es engañar a la audiencia, así al final de cuentas se termine poniendo Ardidas o Nique.

Le Moulin de la Galette - Picasso

Le Moulin de la Galette

 

Por otra parte, hay que reconocer el valor pedagógico de la copia. Los grandes maestros del renacimiento enseñaban a sus pupilos a trabajar terminando sus obras y copiando elementos del maestro. Uno puede encontrarse con obras precubistas de Picasso en diferentes museos del mundo y darse cuenta que su genio no estaba solo en la capacidad de síntesis y abstracción, sino que además siempre tuvo el talento para comprender y asimilar aproximaciones estéticas de otros movimientos o autores(desde el romanticismo hasta el futurismo). Personalmente considero que esa habilidad fue la que le permitió cristalizar la noción del cubismo y su propio lenguaje, y que de no haber sido por ese periodo de copia no habría llegado nunca a su respuesta personal. Claro, el interés de Picasso parecía ser encontrar su respuesta -un fin bastante noble-, sin embargo, estas obras copia del gran maestro se venden como originales en las casas de subasta del mundo. ¿no es esto incoherente? ¿no estaba entonces Picasso creando obras de otros autores al apropiarse de su lenguaje, y por lo tanto creando reproducciones/copias?

La respuesta del mercado del arte es clara, confirmando la “originalidad” de las obras de Picasso cotizándolas de la misma manera que las demás: Todas son Picassos. Por otra parte, falsificadores reconocidos en la actualidad como Han van Meegeren que al igual que Picasso interiorizaron la técnica y el lenguaje estético del autor original son enviados a la cárcel por apropiación y estafa. Desde la perspectiva comercial se argumenta que se incurre en un engaño (se está pagando por algo que no es lo que dice ser); sin embargo y como lo dice otro falsificador famoso, John Myatt, el “no hacía cuadros, el pintaba Van Goghs”. De hecho se dice que entre el 40% y el 50% del mercado del arte son falsificaciones. No hay que ser ingenuo, estas obras están tan bien hechas que hasta los más expertos se equivocan y tienen que recurrir a pruebas químicas de comparación y demás procesos complicados para descubrir la autenticidad de las pinturas.

John Myatt: From criminal to fame

John Myatt: de criminal a famoso

El problema está entonces centrado principalmente en lo económico -saca provecho de la trayectoria de alguien más-; y su implicación moral tiene más que ver con la estupidez que representa copiar un estilo mientras se puede tener uno propio.

 

Ahora, en el diseño gráfico hay un matiz adicional y es la necesidad de comunicación. Mientras el arte responde a motivaciones personales (la expresión del individuo) el diseño gráfico tiene que apañárselas con la transmisión de mensajes concretos creando o respetando el lenguaje visual de la compañía que se está representando -su marca-.

McBess Vs RaP

Carteles de McBess y el Actual cartel de Rock al Parque tomados de la página oficial del evento.

He escrito todo esto pensando en el discurso de originalidad presente en los medios y tan sonado en las redes sociales con respecto a la supuesta copia del cartel del festival musical Rock al Parque; y teniendo en cuenta lo que expuse anteriormente, veo que el cartel es una interpretación del estilo de McBess -ilustrador del que el publicista reconoce su influencia-, que cae peligrosamente cerca de la copia directa sin reinterpretación de elementos; digo peligrosamente cerca no solo por las implicaciones negativas tanto morales como económicas o de la honra profesional del ganador del concurso, sino también porque una vez más se pone en evidencia la incapacidad del profesional nacional de juzgar objetivamente el trabajo de los colegas que en medio del entusiasmo caen la línea borrosa de la copia estilística.

Después de todo, no es un Cristhian Ramírez, es un McBess.

[1] Sigo pensando que está mal utilizado el término cosmología, pero soy fiel a su lenguaje

[Ilustración de McBess tomada de http://www.mcbess.com/illus.html  el 25/07/2014]

Leave a reply


Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.