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Los fantasmas del fútbol

Los fantasmas del fútbol

Colombia clasificó por primera vez en su historia a unos cuartos de final de la copa mundo, precisamente en un país en donde el calor nacional del colombiano se mimétiza con el local -Brasil, anfitrión de la presente copa-. La selección Colombia llegó con el mejor equipo que alguna vez a tenido, pues no sólo marcó goles y quedó como líder de su grupo pasando además con cierta tranquilidad los octavos de final -contra Uruguay-; sino que además se sentía cohesión en el equipo, un equipo de verdad, mucho más que la suma de sus partes. Por otro lado, e intentando dejar el nacionalismo aparte, Brasil llegó al mundial con muchas dudas, en medio de una curva que hasta ahora comenzaba a ascender. Claro, muchas figuras en esa escuadra, pero no un equipo consolidado realmente. Al anfitrión de la copa le tocó sufrir bastante para llegar a los cuartos, necesitó de un empujón del árbitro en su primer partido para darse confianza, claro, también para darle tranquilidad a una afición ávida de buen fútbol y que reclama nada menos que una victoria aplastante en la casa auriverde.


La verdad es que esta copa en la primera fase parecía ser la de las sorpresas: Costa Rica como primera del “grupo de la muerte”, una apaleada fuerte al último campeón, y los “grandes” con muchas dificultades para avanzar. Se puede decir que no hubo rival chico -salvo Honduras-; todos pelearon e independientemente del favoritismo, nunca bajaron los brazos.


¿Para que escribo un relato del mundial que -casi- todo el mundo vio hasta ahora? Veo que en el fútbol pasa como en el mercado, en donde muchas veces la reputación de la marca pesa más que la calidad del producto, buenos posicionamientos y reputaciones no siempre coinciden con los mejores productos; esta condición también aplica invertida: buen producto/mala reputación.


Ahora bien, lo que me llama la atención en particular del caso del fútbol es que en el mundo comercial son muy pocas las marcas que se pueden dar el lujo de ofrecer un mal producto y mantenerse con una buena reputación. Claro que como Brasil en el fútbol hay “casos de la vida real”: Apple, Nintendo, Sony, Microsoft, Google, Ford, BBC, El Corral, CocaCola, etcétera. Todos estos al igual que Brasil cuentan con una base de seguidores fuertes, y aún más particular, son profundamente respetados por su competencia.
Precisamente, esa propiedad particular ha hecho que en la historia tanto del fútbol como de la industria en general, varios productos de excelente calidad o innovadores, se vean opacados por el despliegue marcario y el temor a su competidor -o a la reputación comparada entre la propia y la del líder-. Precisamente  eso le paso a la selección Colombia y a la selección de Chile: no se asustaron con el equipo que tenían delante si con la reputación que él tenía detrás.

Eso sí, el mundial nos deja una lección para afrontar esos fantasmas:

  •  Hacer como México: perderle el miedo al rival, y verlo en su justa proporción (mejor aún si se tiene un arquero consagrado a la Virgen de Guadalupe).
Ochoa

Ochoa, el arquero de México, tapando todo lo que los brasileños lograron lanzar

  • No hacer como Chile o Colombia: El exceso de respeto llevó a la desconfianza en el producto/equipo. Hay que valorar lo que se tiene, de otra forma no se podrá competir. Siempre hay que recordar -y entender preferiblemente- si la gente lo prefiere a uno es por algo.
James y David Luiz

Colombia no lo creyó posible y se conformó con pasar a cuartos de final. El mejor equipo de Colombia no pudo con el peor equipo de Brasil

  • Ser un cazafantasmas o tener la suerte de ser Alemania: Para una marca grande, otra marca grande. Si uno tiene rivales directos y está en una competencia a muerte, es mejor tener un buen producto y no exponerse a quedar -tan- mal en público. Ahí la reputación es la que sufre.
Mineirazo

David Luiz luego de la derrota de Brasil, se acabó ese fantasma, pero nació uno nuevo, el “Mineirazo”.

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