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Porno sin historia

Porno sin historia

El porno, eso de lo que tanta pena nos da hablar todavía y que, a duras penas, con humor citamos en las reuniones de amigos alrededor de unos tragos, hace parte cada vez más de la forma en la que nos apropiamos del cuerpo. Sí, hablamos del saxofón de película XXX, de la iluminación de película porno, del argumento light de una producción cinematográfica de este género, pero cuando alguien pregunta uno niega vehementemente haber visto esas “cochinadas”. Claro, podríamos decir que nuestro placer por el cuerpo -principalmente femenino- ha sido desarrollado viendo cuadros del renacimiento como la Venus de Boticcelli, o impresionistas como el almuerzo sobre la hierba de Manet, pero sólo estaríamos desconociendo el rol de los Pecados de Inés de Hinojosa, el lujurioso video de Martha Sánchez, o más recientemente, la espectacular actuación de Luly Bosa -todo un protagónico- en los videos revelados por la “Negra Candela”.

desayuno-sobre-la-hierba

Desayuno sobre la hierba de Manet

De todas formas, la gente se empeña justificar los desnudos detrás de la idea del “arte” -ese es un desnudo artístico-. ¿realmente hace falta justificar el desnudo con el arte?.Hugh Hefner puede aparecer como uno de los pioneros en “sofisticar” el desnudo. El éxito de Playboy se le atribuye usualmente a la portada de Marilyn Monroe, pero hay que reconocer que el valor real de la revista no reposa únicamente en las modelos que por allí han pasado, sino en que hay en ella una intensión por legitimizar el desnudo: crónicas realizadas por reconocidos periodistas y escritores[1], ilustraciones y fotografías por diseñadores y fotógrafos exitosos[2], y en general parámetros editoriales bien definidos para crear, en últimas, lo que se reconoció como el estilo de vida Playboy. Es tan importante la relación de la revista con La créme Norteamericana que hasta en el videojuego estos vínculos hacían parte de las dinámicas del juego.

No se puede decir que la mojigatería norteamericana desapareciera, pues la filosofía Playboy solo entro en los sectores más liberales de la población estadounidense, mientras se sigue aún intentando tapar con un dedo los actos considerados inmorales como las palabras fuertes -fuck!- o los desnudos -así fueran hombres torsidesnudos y hasta animales- en los medios; lo que sí se puede decir es que la posibilidad de adquirir una revista sin que uno se viera necesariamente como un pervertido se facilitó. En la prensa nacional colombiana la cosa era a otro precio, y no fue sino hasta el 2008 -con Soho y su colombianización de la filosofía Playboy- que vimos la introducción de revistas de este tipo al mainstream nacional: ya no era solamente Jeremías -el celador- el que veía “chicas en pelota” en la sección de Juan sin Miedo de El Espacio, ahora también uno podía ver, sin necesidad de esconderse, una revista “solo para hombres”.

Hugh Hefner al final del videojuego de Playboy Mansion (2004).

Por otro lado, no si sea por descuido de la autoridad, por la distancia con los valores morales americanos o simplemente porque somos más calientes, pero a diferencia de la televisión americana, las producciones televisivas nacionales permitían en mi niñez -los años 80- un mayor grado de desnudez, tratar temas probablemente más maduros y hacer producciones más artísticas -basadas principalmente en novelas literarias- que se preocupaban más por la fidelidad con el referente que por los niños que podían -podíamos- estarlas viendo[3]. La cosa cambio, pues la apertura de los 90 no solo trajo nuevos productos, sino que también ayudó a permear las políticas de producción televisiva colombiana de la moralidad norteamericana -no sé si se limitaba a la estética/argumento o si también incluyó lo legal-; unificando hasta cierto punto los criterios de lo que se debía mostrar en televisión o no.

Extrañamente, y gracias a las dinámicas de producción/comercialización de la televisión norteamericana, las cadenas por demanda se han ido volviendo más y más atrevidas, permitiendo volver a atacar contenidos previamente vetados. Estos canales, al no ser abiertos, no están expuestos al discurso de “lo ven los niños”; con autorregulación y gracias a la adaptación de novelas literarias, paradójicamente bastante próximo al modelo de los 80 colombiano, han ido perdiéndole el miedo a mostrar el cuerpo desnudo de sus protagonistas[4] ; claro, muchas veces esa emoción se les ha convertido en una caricatura, pues algunas veces se convierte en algo gratuito. Sea como fuere, estos canales y sus historias han logrado consolidar el tratamiento de los tabús en su marca.

Esta burla deja bien claro el punto. La cosa cambia dependiendo quién -y cómo- se cuentan las cosas.

 

La verosimilitud y el porno parecen no estar muy vinculadas, después de todo ¿qué tan creíbles son las historias de las películas pornográficas? y aún así parecen estar ahí, siempre presentes. Slavoj Žižek hace un análisis interesante sobre el porno y el tratamiento de la imagen como creación de realidad, y como esas historias artificiales se mostraban como un intento de dar verosimilitud a esas películas -no es solo sexo, es algo que le puede pasar-, eso evidentemente con el fin de involucrar al espectador a través de una fantasía, fantasías que con el tiempo se han convertido en un clichés -azafatas, colegialas, niñeras, baños, aviones…-. Lo que se escapa al análisis es la importancia de la historia más allá de la creación de realidad, son las que le permiten a la sociedad aceptar, hasta cierto punto, que se trate este tema y que se muestren estos tipos de imágenes tan subversivas aún en nuestros días. Ya decía uno de mis mejores amigos, un conocedor de estas producciones: “esa película porno es muy mala, es porno sin historia”

 

[1] Ian Flemming y Arthur Clarke entre otros.

[2] Jack Cole, Rowland Wilson, Bobby London

[3] No es una crítica, de hecho, añoro esa naturalidad con la que se trataba el tema en esos años en donde la sexualidad era solo un aspecto más de la vida

[4] Hay que decir que en Game of thrones se acuñó por primera vez el término sexposition, refiriéndose a que se revelan importantes nodos de la trama en medio de una escena sexual.

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