• behance
  • facebook
  • twitter
Póngale color

Póngale color

Ya hace algunos años que terminé mi carrera de diseño, y aún así, recuerdo con bastante claridad las referencias que hacían los profesores en general al diseño europeo, particularmente al suizo. La escuela helvética de la postguerra conocida también como el Estilo Tipográfico Internacional, marco profundamente el diseño, collages sencillos, contrastes fuertes entre blanco y negro y algunas pequeñas salpicaduras de color, tipografías Sans Serif (sin serifas), y un sistema reticular fuerte entre otras características, hicieron de este estilo el modelo a seguir en el diseño, popularizando la idea del menos es más.

Herbert Matter

cartel promocional de los Alpes Suizos diseñado por Herbert Matter

Claro, ya habían existido aproximaciones previas a la simplicidad visual marcada por el estilo tipográfico internacional, casos claros de esto son los exquisitos carteles alemanes de la primera[1] -muy alejados de sus contrapartes americanas que saboreaban las mieles barrocas de la época victoriana-. De todas formas, esas gloriosas épocas del cartel suizo pasaron ya hace más de 60 años, aún así se sigue aplicando las lógicas establecidas por los padres de esta corriente.  Si bien la aproximación que nos dieron, tanto estructural como formalmente, siguen siendo importantes, siento que la conformación de dicho estilo -y su respectivo lema de menos es más– como un dogma del diseño a veces tiende a volverse una venda para el diseñador.

El camino hacia la paz

El camino hacia la paz diseñado por Bernhard durante la primera guerra mundial

Si, todavía tenemos los mismos problemas básicos que ellos[2], pero se han agregado nuevos condicionamientos, nuevas miradas y nuevos códigos que obligan a repensar las soluciones dadas anteriormente. Chomsky[3] dice algo que me llama mucho la atención sobre el conocimiento y la creación de la ciencia: él señala que el renacimiento de la ciencia ocurre cuando la gente deja de dar por sentado las cosas “lógicas” y se concentra en averiguar por qué, citando el caso concreto de Newton y su duda sobre la obviedad de la gravedad. ¿no pasa esto también en el ejercicio del diseño? ¿por qué estamos habituándonos a comer entero y a reproducir modelos que los libros y profesores repiten constantemente? ¿qué tan seguros debemos estar de esas teorías desarrolladas hace tiempo que pueden -o no- estar algo descuadradas?

YWCA

Cartel diseñado para la YWCA inglesa durante la primera guerra mundial.

Nosotros en Colombia sufrimos esta falta de criterio constantemente, y estamos tan habituados a ella que nos parece más grave no tener “creatividad”[4]. Muestra de ello es el copy-paste de la señalización de transmilenio, que desatiende completamente las particularidades del sistema y trasplanta las lógicas de construcción visual de los mapas de metro europeos, y que no, no es falto de creatividad, es falto de criterio de diseño -se esconde detrás de: ya alguien lo hizo y le funcionó, yo para qué me desgasto-.

En mi tiempo como profesor le tenía miedo a los estudiantes que preguntaban eso, y que estaban todo el tiempo dudando. Claro, no la duda fastidiosa generada por la incredulidad, sino esa duda metódica que tiene una preocupación profunda: ¿por qué debemos usar retículas? ¿para qué se reglamenta si después el cliente se enloquece? ¿y por qué hacemos fax si nadie más lo usa? ¿por qué no usar solo un símbolo?… con una sonrisa reconozco que me hacían sudar petróleo, y no porque no hubiese leído la respuesta, sino porque quería responder genuinamente y no con el escudo del profesor[5].

Pero más allá de las estructuras, me preocupan los dogmas en cuanto a la aplicación del color. Analizando etiquetas de comienzos de siglo en Colombia en el grupo de investigación, no podíamos evitar notar que la aproximación al color era considerablemente diferente. Por extraño que parezca, esas variaciones de gama cromática no eran producidas por nosotros, sino por los impresores europeos que usaban el color para diferenciar los artes de Latinoamérica con los de Europa; estos consistían en una paleta cromática mucho más amplia y colores mucho más saturados -vivos-[6]. Es interesante ver como esa percepción europea de nosotros como lo “colorido” permea nuestras expresiones diarias -como el vestir-, hecho que se hace más evidente cuando uno viaja al extranjero[7]. Aún así, estas lógicas parecen haber sido excluidas del argot visual del diseño gráfico, establecido por una élite pseudoeuropea -venida particularmente de Chile y Argentina- que percibe la abundancia del color de formas como algo bajo y sin refinación suficiente para hacer parte de nuestro “arte”, además de verse como algo primitivo, poco elaborado (que extraño) y sin capacidad de selección -o criterio (más extraño aún)-.  Parece que se han olvidado que en Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela… ¡NO NIEVA!, no tenemos las mismas características, no somos la misma gente, no tenemos las mismas costumbres ni vemos el mundo con los mismos ojos; somos coloridos, “despelotados”, exagerados, muy dramáticos… todo lo que expresa con bastante eficacia el estilo mejicano, que a diferencia del de los vecinos del sur, no ha vivido acomplejado de su colorido proceder.

 A proteger los colores, el trópico en el fútbol ¿dónde más?

Siento que tenemos miedo de dejar de aparentar algo que no somos, y eso es lo que nos impide encontrar lo que sí somos -algo que no se qué es, y que para agravar más la cosa, siempre está cambiando-. Claro, la academia cumple su parte en la castrada y nos sigue vendiendo la idea de que tenemos que hacer diseño suizo -preferiblemente de hace 60 años- en Colombia. Conocemos a mayor profundidad los códigos de representación visual de Europa que los de América; eso sí, manoseamos lo indígena cada vez que necesitamos comunicar algo “autóctono” -como la camiseta de la selección Colombia y el patrón de la caña flecha-, en vez de construir nuestro propio código desarmando y entendiendo lenguajes más propios[8] ¿no sería preferible hacer diseño colombiano en Colombia? A veces creo que hay que decir como el eslogan de Pintuco en los partidos de fútbol: Póngale Color.

 

[1] Me sorprendí al leer alguna vez que Hitler había culpado a esos carteles por haber perdido la primera guerra. Él argumentaba que eran demasiado complejos y que la población era demasiado tonta para entender el mensaje; a eso parece obedecer el cambió la “estrategia comunicativa” durante la segunda guerra.

[2] No puede dejar de pensar en el episodio del Chavo del ocho donde don Ramón va a la escuela y dice ¿todavía no encuentran el área del triángulo? ¡si la están buscando desde que yo era niño!

[3] En una película muy interesante que recomiendo llamada “Is the Man Who Is Tall Happy?: An Animated Conversation with Noam Chomsky”

[4] Eso da para otra entrada, por ahora lo señalo como un sarcasmo.

[5] Haciendo referencia a lecturas y reacomodando los dogmas para que se mantengan como tal.

[6] Además de la adición de palmeras para que no fueran más los Alpes y el Rin, sino la Sierra Nevada y el Magdalena

[7] En un grupo de gente, el colorido siempre es el Latinoamericano

[8] No quiero hacer un rescate neohippie de lo indígena, sino al mestizaje cultural particular. A lo que apunto es a lo “nuestro” como las reflexiones de color y construcción presentes en las artistas plásticos como Ana Mercedes Hoyos y Obregón o los estudios de Antonio Grass

Leave a reply


Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.