• behance
  • facebook
  • twitter
Ese nombre está al revés

Ese nombre está al revés

En el proceso de creación de marca se sabe que uno de los pasos más importantes es la concepción del nombre, ya que puede ayudar a generar recordación y diferenciación -dos de los objetivos principales de las marcas comerciales- y a la vez da un carácter particular a la compañía/producto. No es lo mismo llamarse Kodak a llamarse FujiFilm; desde la enunciación se percibe una diferencia de carácter -más allá de nuestra relación con la marca-.

Los nombres no se producen espontáneamente, y en muchos casos -para no decir en todos- responden a alguna vinculación previa que tenemos con el nombre. En mi caso particular, Daniel, viene de un cantante reconocido que le gustaba mucho a mi papá, Daniel Santos -me salvé de que él no se llamara Fulgencio-; los árabes nombran a sus hijos por las diferentes formas de llamar al profeta, y en nuestra cultura es muy común llamar a nuestros hijos por parientes con los que nos sentimos identificados o cercanos. En las compañías estas dinámicas se replican, teniendo diferentes orígenes y condiciones; en Colombia, las pequeñas y medianas empresas tienden principalmente a tener nombres descriptivos (universal de plásticos, asadero de pollos de la 33, Chopinar, etcétera), que reciben el nombre de su(s) creador(es) (Sierra y Gómez Asociados, Donde Pepe, Peluquería Gabriel’s, etc.) o una mezcla de los dos (Laboratorios Químicos González, Comercializadora Durán, etc.)[1].

 

Los nombres contienen entonces no solo un valor de diferenciación sino también un valor de caracterización, claro, identifican con un entorno; pero además cuentan una historia -puede ser el origen, una actitud, una particularidad-, está se corrobora o niega una vez entramos en relación con el objeto nombrado.

En los últimos meses he tenido la oportunidad de experimentar de una manera diferente una marca mítica, acompañado de varios compatriotas que se encuentran en la misma situación que yo: Europa. Trato a esta región geográfica como una marca por una razón sencilla, y es que la mayoría de preconceptos que tenemos los latinoamericanos -y me atrevería decir que todos los no europeos- sobre el viejo continente suelen ser muy próximos a la percepción que se tiene sobre una marca de lujo o un producto de alta gama. Sentimos que es un lugar en donde solo algunos tienen el privilegio de estar -como los elegidos-, en donde pasan las cosas interesantes del mundo, en donde sí hay historia, en donde todo el mundo es educado -o se vuelve-, en donde la sofisticación se respira y en general, donde todo es mejor.

No, no voy a comenzar con el discurso nacionalista tonto colombiano de exaltación de lo nacional que tanto éxito ha tenido -y que además, benefició al expresidente Uribe y a las fuerzas militares-; tampoco voy a hablar mal del lugar que me ha acogido -París- y que, a pesar de su mala fama, lo percibo muy cálido; después de todo me pasa en esta ciudad como me pasaba con Bogotá, la siento como mi casa.

Lo que me interesa es resaltar las ideas que tenemos sobre Europa, y como muchas veces los imaginarios superan los hechos y nos hacen vivir las ciudades con condicionamientos que no hacen parte de ellas realmente. Me interesa ver que tan diferentes son las ciudades a través de los ojos de los ciudadanos y comparativamente con las opiniones de los turistas.

Policía dando Papaya

La policía de Vélez invita a la comunidad a no dar papaya a la delincuencia, tomando medidas de auto cuidado. (tomado de Vanguardia.com)

La primera idea que me llama la atención es la seguridad, para nosotros lo bogotanos andar siempre alerta es algo cotidiano, no hacerlo significa “dar papaya” -dar pie para…-. ¿Dejar el pago de la cuenta encima de la mesa del restaurante? ¡pasa alguien y se lo roba!, hay que esperar; ¿dejar la maleta en una esquina mientras se mira el mapa del servicio público? ¡por nada del mundo!; ¿Llevar el collar de oro de mi abuela en la calle? ¡claro, navidad para los ladrones!. Esto no pasa aquí, uno sí puede dejar la cuenta paga en la mesa, si puede dejar la maleta y llevar las joyas de la familia en la calle; sin embargo, el clásico de llevar el celular en la puerta del servicio público -especialmente si se es mujer- aquí tiene las mismas consecuencias, claro, exceptuando el escándalo que hacen cuando son robadas. El metro repite constantemente en el parlante el lema “be aware of pickpockets” -tenga cuidado con los ladrones-. Varios profesores míos han sido robados en el transporte público por no estar pendientes, de la misma forma que nos pasa en Bogotá. De todas formas este es un problema de percepción, un primo que vino hace poco a visitarme me decía que se sentía aliviado al caminar por aquí, sin la presión de estar pendiente, él se sentía seguro.

Faux Filet

Faux Filet, el corte de carne más común en Francia, 0 grasa, 0 sabor (nada que ver con la carne Argentina)

Otra idea que me llama la atención es la de la comida. Muchas veces la gente que viaja espera encontrar comida de mejor calidad en Europa, especialmente en Francia. No, no voy a decir que no sea cierto, lo que si me he encontrado es que al igual que en Bogotá, la buena comida no está al alcance de todos, es más, veo que los precios promedio de un restaurante están mucho más arriba de lo que uno esperaría encontrar (claro, no estoy haciendo una conversión exacta, si lo hiciera sería aún peor). Si, un buen queso -un emmental – cuesta 3 euros, mientras que ese mismo queso en Colombia cuesta alrededor de los $25.000 o $30.000, de todas formas, y para no poner casos extremos -y obvios- un queso Parmesano de la vecina Italia puede estar en el rango de los 6 euros, un precio alto considerando que comparativamente ni el emmental ni el parmesano son franceses -y son de consumo frecuente-. Los restaurantes no son diferentes, un restaurante promedio -una brasserie- sirve platos de buena pinta pero mal preparados y en general la experiencia del almuerzo casual es bastante deficiente. Claro, se puede decir que pasa lo mismo en Bogotá, la diferencia importante es que a diferencia de París, Bogotá no tiene cargado el imaginario público. Aquí no está mal preparado, aquí uno duda si el que no sabe comer es uno.

Museo de Orsay

El museo de Orsay. La sala de Vanguardias, la mejor conservada, tiene a la entrada el agradecimiento a un Benefactor Norteamericano.

Por el lado de la cultura, se presenta un fenómeno bien interesante. Estamos habituados a visitar monumentos en Europa y decir ¡ah, pero que bien conservados están! eso no pasa en Latinoamérica. Pero lo que hay detrás de bastidores es una realidad preocupante: los monumentos e instituciones culturales en Europa están siendo “subastados” a la caridad de empresas privadas o individuales, que ofrecen donaciones para la conservación; desde el Museo de Orsay hasta las ruinas de Roma, pasando por la conservación de Pompeya y la finalización de la Sagrada Familia. Todos estos íconos europeos están a merced del capital y los intereses de la propiedad privada que, en últimas solo tiene que escoger a quien patrocinar. El problema no es que las empresas se apersonen de la cultura -de hecho me parece que es una obligación de su parte-, el problema es que los monumentos históricos se tienen que comenzar a vender, en la peor de las acepciones, para conseguir patrocinadores y no terminar destruidos. Un patrimonio que no asegure visibilidad a una compañía probablemente no tendrá mayor inversión privada. Sí, los latinoamericanos pensamos que los europeos tienen todo resuelto y que nos llevan una ventaja de años luz, lo que no sabemos es que en nuestro continente esa responsabilidad la conserva aún el estado, y que esta condición termina siendo favorable para nuestro patrimonio cultural.

OLPC

One Laptop Per Child -OLPC- La iniciativa de el MIT que tuvo como pionero a Colombia y las poblaciones rurales del País.

Y la última, pero la más cercana a mí, la educación. En términos generales, se piensa que los europeos promedio son mucho más cultos que nosotros, y que además tienen un mejor sistema educativo. Por una parte, y viendo las experiencias de compatriotas con los que he tenido la oportunidad de hablar, veo que los profesionales colombianos estamos muy bien posicionados, y que en términos generales se nos considera como personas con un bagaje cultural importante, además con una fuerte capacidad de análisis y reflexión, independientemente del país a donde lleguemos -sé de Italia, Inglaterra, Alemania, España, Francia y Rusia puntualmente- fruto de una metodología académica bien estructurada. Por otra parte, y gracias a las charlas orientadas a la educación y la pedagogía dentro de mi laboratorio doctoral, veo que las problemáticas en educación son exactamente las mismas -referentes o no a las nuevas tecnologías-; es más, veo con asombro que mientras aquí se toman muchísimo tiempo discutiendo, en nuestros países aplicamos las teorías elaboradas en Europa mucho antes de que ellos mismos las pongan en acción -caso concreto el proyecto Uno o la iniciativa OLPC-. Claro, hay que dar matices, porque veo que las personas cultas aquí son realmente cultas (no solo se pavonean como en Colombia).

Estas son solo algunas cosas que veo, que siento que no nos dejan disfrutar y ver realmente nuestras ciudades como son. Yo siempre disfruté estar en Bogotá, vivir el centro, caminar por las calles y descubrir cosas raras -tiendas de juguetes, de santos, de dulces, de telas…-, esa situación que tanto le gusta al turista de París o Roma; turista que a su ciudad no le da esa oportunidad de descubrirla porque se le volvió parte del paisaje. Si recordamos la narración de la mitología griega de donde viene el nombre de Europa, vemos que el engaño hace parte importante de su historia. A veces siento como si América fuera Europa y ellos fueran Zeus -con la implicación de la divinidad y todo lo demás-, probablemente, ese nombre está al revés.

 

[1] En estos días he encontrado de casualidad dos fuentes de la etimología de los nombre de marcas que comparto, por si le interesa ahondar en este tema. http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_company_name_etymologies

Leave a reply


Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.