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Están muertos y no se han dado cuenta de que lo están

Están muertos y no se han dado cuenta de que lo están

Esta semana asistí a una conferencia de una investigación que está a punto de comenzar, la conferencia era a cerca de los Scantrad y la lectura en línea de mangas. Me llamó la atención que la conferencista no era para nada el tipo de personaje que se enfrenta a este tipo de temas, pues usualmente encontramos al ñoño que habla con pasión acerca de su hobbie.  La conferencia comenzó por lo básico, dando una definición de los términos y las dinámicas de los protagonistas.

Evidentemente, lo primero por definir fue el término manga, con el cual los diseñadores estamos bastante familiarizados pero no tanto los sociólogos o comunicadores, mucho menos los que pasan de los 40 años. Hasta ahí, todo era transparente; la cosa comenzó a cambiar cuando se explicaron algunos detalles importantes sobre la compra de mangas, fenómenos como la “adicción” que sufre el lector y las diferencias en la producción y periodicidad de estas publicaciones entre Japón, Corea y el resto del mundo. Por una parte, los lectores de manga se perfilan como personas con un alto grado de involucramiento con la historia, produciendo así ansiedad en el público cuando una acción narrativa queda en punta y pendiente para su siguiente número[1]. Sin embargo, el problema no está ahí, pues en más de un producto narrativo de hoy en día pasa la misma cosa, series televisivas como Walking dead o Game of Thrones son emitidas casi que simultáneamente en América Latina y en Estados Unidos -sea legal o ilegalmente-. El problema radica en la segunda parte del análisis: la diferencia en la producción y periodicidad de las publicaciones. Los mangas en Japón y Corea se publican en los periódicos y semanalmente (en algunos casos, pequeñas viñetas diarias), mientras que en el resto del mundo su publicación se hace en forma de compilados y cada mes (o año, dependiendo del tamaño de la compilación). Esto tiene como consecuencia una asincronía de la narración entre lo que el público oriental lee (en cómodas dosis diarias) y lo que el resto del mundo puede ver. El Scantrad (contracción de Scaned traduction, o traducción digitalizada en español) es una edición hecha por los fanáticos de las series a partir de los originales orientales; estas traducciones no buscan ser reinterpretaciones, pues tienen como filosofía conservar, en la medida de lo posible, todas las características que contienen las obras en su idioma original: desde la disposición de la tipografía hasta la caracterización de los personajes a través de su lenguaje, pasando por el respeto al dibujo y el emplazamiento y tamaño de los bocadillos.

Hasta ahí, todo normal. ¿dónde está el problema y por qué me parece interesante? Resulta y pasa -como dicen las personas de edad avanzada- que los derechos de publicación al exterior del país de origen son comprados por grandes casas editoriales, a las cuales el scantrad  no les genera mucha gracia. La persecución a los grupos de traducción –teams– por parte de la industria editorial no ha sido escasa, varias demandas legales por violación a los derechos intelectuales han sido interpuestas a través del DMCA (Digital millennium Copyright Act) [2], un mecanismo creado por la Asociación internacional de protección al derecho de propiedad intelectual (WIPO) para la protección de obras en los nuevos medios.

¿Qué tan exitosas han sido esas medidas? No mucho, la solución más coherente ha sido deshabilitar la descarga del material una vez este es publicado por las editoriales, sin embargo, esto no ha evitado que las ventas de mangas (y comics en general) sigan en cayendo en picada.

“Compartir solo es divertido cuando no son tus cosas” fue lo que sentenció Lars Ulrich, el baterista de Metallica por allá en los años noventa cuando estaba en contra de Napster. El pobre no se había dado cuenta que la lógica de la industria había cambiado para siempre. Siento que la frase de Sean Parker (Justin Timberlake) en Red social sentencia la realidad a la que la industria se vio enfrentada.

Jugando con el optimismo de un tecnócrata -que bien podría ser un redactor cualquiera de Wired, Lev Manovich o Bill Gates-,  esto es lo mejor que le ha pasado a la sociedad: la capacidad que tienen las comunidades de sobreponerse a los intereses capitalistas de la sociedad industrial moderna, la posibilidad de tener la soñada sociedad de la información en donde la “información quiere ser -y es- libre”[3]; además, la realización de la aldea global[4]. Poder compartir libremente la información y los contenidos nos permitirá ser mejores personas, capaces de tomar decisiones más acertadas pues serán tomadas con suficiente información, información que hasta hace muy poco estaba restringida a las personas que tuvieran la capacidad económica para adquirirla[5].

Siento desilusionarlos, pero el optimismo desmedido solo es señal de ignorancia -o ingenuidad-. En el caso concreto de la música, lo que realmente está pasando es un fenómeno bien diferente a ese soñado -y continuamente dado por hecho- de los tecnócratas. Lo que estamos presenciando es un cambio en el modelo de mercado, en donde la mediación está generando nuevas dinámicas para la monetarización de la cultura. Por un lado están las plataformas para comprar música, como Itunes. Yo solía menospreciar esa plataforma, pues en Colombia -y asumo que en muchos otros países de Latinoamérica- su impacto real en la sociedad y en las lógicas de consumo no parece haber sido tan fuerte como si lo ha sido en Norteamérica. Sin embargo, alguna vez escuché a Trent Reznor, líder de NIN (Nine Inch Nails), explicar la manera en la que la venta de mp3 había afectado de una forma muy profunda a la producción musical -y por ahí derecho a todo el público en general-: Anteriormente, el público estaba obligado a comprar un álbum entero para poder tener la canción que quería -salvada está la excepción de las compilaciones de éxitos como “los cañonazos bailables” y demás producciones decembrinas-. Esto permitía crear propuestas completas, incluyendo en los álbumes un rango variado de expresiones, desde trabajos personales hasta canciones programadas para ser éxitos de radio. El álbum se pensaba entonces como una unidad generada a partir de diferentes componentes que producían algo más que la suma de sus partes.

Lo que ocasionó la compra de canciones “al detal” fue un desinterés generalizado por los álbumes, pues el público podía adquirir los éxitos sin pasar por la propuesta artística personal que podía llegar a ser menos atractiva o más difícil de digerir. Claramente, hay matices en esta idea, y aún hay artistas que se preocupan por dar un toque más humano, por así decirlo, a sus producciones. Sin embargo podemos reconocer que, gracias a esta nueva dinámica del mercado, los álbumes ahora están compuestos casi exclusivamente por éxitos; de hecho, se puede ver que los álbumes son concebidos después de los singles y no al revés, como solía pasar antes. Un caso concreto que evidencia este fenómeno de manera práctica es Lady Gaga, y los artistas pop en general.

Por otra parte, está el cambio de rol que sufre el álbum y la producción musical en sí, en donde lo que nos venden ya no es el disco sino al cantante; el producto no es entonces lo que solía ser -la música- sino el artista. Madona se dio cuenta rápidamente de este hecho y a diferencia de Ulrich, haciéndolo quedar como un idiota, puso en práctica un reconocido refrán militar: “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Madona cambió su modelo de negocio, y pasó de ser representada por una discográfica a serlo por una empresa de logística ¿qué significa eso? Madonna fue lo suficientemente astuta para darse cuenta que el negocio de los discos estaba muriendo, o al menos estaba padeciendo de una enfermedad terminal; por lo que reorientó su negocio a la producción de conciertos. De esta forma, los álbumes y sencillos –singles– son solamente un material publicitario, que sirven para generar visibilidad y recordación de su producto en el mercado, sirviendo como apalancamiento para sus presentaciones multitudinarias.

Ya sé, los conocedores de la música me van a decir que eso no es nuevo, y que ya los Beatles llenaban pequeños estadios; que el glorioso grupo inglés Queen ya se había presentado frente a millones de espectadores; eso para solo pensar en los casos más icónicos; les pregunto ¿alguno de ellos se llevó a cabo en Bogotá, Lima, Budapest, Marraquech o Bombay? Es cierto que los conciertos multitudinarios no son exclusivos del postmp3, pero que estos conciertos surjan como la principal forma de sustento de las bandas, si es indudablemente un cambio fundamental -que a nosotros nos convino mucho, hay que decirlo-.

He de confesar que mucho tiempo sufrí de la euforia desenfrenada por las posibilidades de los nuevos medios, pero con el tiempo me he dado cuenta que las dinámicas del mercado se modifican para adaptarse a las condiciones impuestas por la sociedad y la tecnología. La relación entre las empresas y sus consumidores -independientemente del área- está en constante cambio. Este cambio no es malo ni bueno de por sí, es sólo diferente; lo que sí es malo, es no darse cuenta que esos antiguos modelos económicos, que patalean y luchan con garras y dientes para sobrevivir -usualmente garras y dientes tan anacrónicos como ellos mismos- están muertos y no se han dado cuenta de que lo están[6].

 


[1]Como se imaginarán, esas curvas narrativas son completamente intencionales y son aplicadas con fines tanto narrativos como de mercadeo.

[2] http://en.wikipedia.org/wiki/Digital_Millennium_Copyright_Act

[3] Está es una referencia al discurso dado por Stewart Brand en la conferencia de Hackers de 1984

[4] Acuñada por Marshall McLuhan, principalmente en Understanding Media

[5] Uno de los últimos libros de Gates habla sobre esto, haciendo referencia además a la mano invisible del mercado y a la economía de la cero fricción.

[6] *spolier* Evité poner: tal y como pasa en los otros (The Others)

6 Comments

  1. Gonzalo Pantoja · marzo 28, 2014 Reply

    Dani me parece muy interesante el artículo como desarrolla el tema desde una perspectiva editorial (impresa) y lo transporta a lo editoria (musical), ante esto quisiera agregar algo que leí ayer en Forbes que adelanta a estos tiempos esa preocupación de los músicos por que su arte siga siendo considerado arte y no sólo otra herramienta de mercadeo que llena las arcas de los mayors musicales, abajo le dejo el link para que lo lea.

    http://www.forbes.com/sites/zackomalleygreenburg/2014/03/26/why-wu-tang-will-release-just-one-copy-of-its-secret-album/

    • Daniel Plata · marzo 28, 2014 Reply

      Gracias Gonzo, si lo había visto. Claro, todavía hay artistas de verdad, o por lo menos interpretes que se lo toman con suficiente seriedad. Estoy pensando en otro post que a usted le va a gustar mucho; pero no le adelanto nada porque no es el único que tengo en la cabeza.

  2. Adriana · marzo 28, 2014 Reply

    Pues a mí me recordó esta conferencia, también me gustaría saber qué piensas al respecto:
    https://www.youtube.com/watch?v=qaxBckKyp80

  3. Dd · abril 10, 2014 Reply

    Muy sugerente el post. Me hizo pensar varias cosas:

    Sobre la caída en desuso del álbum, lo fuerte, para mí, es que tras la decadencia del álbum como mercancía empieza a desaparecer el álbum como concepto. Así, las lógicas de la producción y el consumo musical inciden en las de creación y composición (esto no es nada nuevo, pero nunca había sido tan claro). Alguna vez hablando con Dilson Díaz (Pestilencia) me decía que para él la opción era volver al EP: un disco de menos canciones, con uno o dos singles y, sobre todo, más barato que el álbum tradicional, y que se pudiera vender en los semáforos, es decir, salir a buscar a la gente; no al contrario, como pasa con el modelo de compra tradicional.

    Por otro lado, creo que hoy en día el gusto por muchas bandas de metal tiene que ver con esto, o eso quiero creer: es de los pocos géneros en que las bandas le siguen apostando a álbumes como concepto -basta con escuchar TOOL o MASTODON-, y, al tiempo, en sus giras, muchas de estas bandas no tocan “de todo un poquito” sino discos completos y en el orden original del álbum: http://www.youtube.com/watch?v=z2-goT_E11w

    Por otra parte, irremediablemente todo este asunto hace ver a unos como muy vanguardistas mientras otros quedamos como nostálgicos y conservadores. Esto lo ha entendido muy bien el mercado, y de allí la tan publicitada dinámica del “Long tail” caracterizada por la hipsterización y la memorabilia, no de otra forma se explica que en la era “postmp3” se esté volviendo a los tornamesa y los LPs (¡más fancys y más caros que nunca!)

    Pd. Algo de esto lo discutía también en mi blog: http://diariodelecturasded.blogspot.com/2013/12/los-barbaros-ensayo-sobre-la-mutacion.html

  4. A mí también me dio miedo. | Cria Cuervos · junio 6, 2014 Reply

    […] tuvieran que cambiar de estrategias -como lo señalo en una entrada anterior en el caso de la música- y que entre otras cosas causaron la burbuja de Internet; sino que además trajeron un cambio […]

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