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Todo se lo debo a los clientes (y a mi mamá)

Todo se lo debo a los clientes (y a mi mamá)

¿Qué es más común en una reunión de diseñadores que oírlos quejarse de alguna observación, reclamo o ajuste que un cliente hizo a sus piezas? Esa es una constante, en algún momento la frase si viera lo que me dijo el cliente la vez pasada: quiero algo con más diseño; está demasiado blanco; quiero que se vea más electrónico, como Matrix; cámbieme esa fuente por una más alegre, por una más… ¡póngale una comic sans! -plop-[1]. Y es cierto, los clientes tienen la capacidad innata para irritar al diseñador, que no sólo expone su trabajo a personas de variados niveles de educación para su “consideración”, sino que además debe aguantar que el cliente se apropie de mala manera de conceptos que ven en la televisión o en las películas para sonar mucho más interesantes.

Por una parte, los clientes son presentados como las personas que no dejan al creativo trabajar, no dejan que él despliegue su magia creativa, que todo ese potencial desbordante de buenas ideas se aplique a las piezas; surgiendo de esta manera la idea de cliente versus buen diseño[2]. Por otra parte, el cliente viene con dos ideas fuertemente arraigadas: Primera, el diseñador es como el mecánico tramposo que se inventa males para cobrar más, eso se traduce en desconfianza -hay que estar pilas (como decimos en Bogotá)-; y segundo, la maldita frase el cliente tiene la razón.

Mi experiencia como diseñador independiente me ha mostrado que hay algunas consideraciones a tener en cuenta para mejorar nuestra relación con el cliente.

  1. Asumir que el cliente no sabe. Afortunadamente, los clientes no tienen conocimiento alguno de diseño, a diferencia de lo que se podría pensar, esto es una ventaja pues es más fácil generar ideas en donde no hay que cambiar las percepciones previas. Si su cliente sabe algo de diseño (es artista plástico -lo padecí-, es escritor, cineasta, litógrafo, periodista, o alguien que esté interesado simplemente) se complica un poco más la cosa; sin embargo, piense que en cualquiera de las dos circunstancias usted si sabe -espero- y le va a enseñar -o a cambiar la idea- de lo que es el diseño.
  2. El cliente no es idiota. A pesar de que a veces uno piense lo contrario, el cliente tiene la capacidad -y muchas veces la disposición- de aprender. No es fácil, pero usted debe ser gradual en la forma como muestra sus proyectos, haga introducciones en lenguaje común, evite los tecnicismos o expliquelos antes de aplicarlos y sea más concreto; así su cliente irá aprendiendo de lo que usted le habla y comenzará a entender las lógicas.
  3. Los términos técnicos, él si puede con ellos. Un compañero profesor que daba clase en último semestre le decía a mis exalumnos recién salidos de mi clase que no se decía identificador sino “logo” porque el cliente no les entendía, que se dejaran de estupideces. Ellos me preguntaban ¿qué hacer? cuando me los encontraba; la respuesta es sencilla, enséñele, a la gente le gusta usar los términos técnicos, y todavía más si están bien empleados; Si no me cree, mire a los hipocondriacos que se saben toda la terminología médica -sin haber estudiado formalmente-. En últimas, el cliente es solo una persona desinformada.
  4. Objetivos alineados. La mejor forma para ganarse la confianza de su cliente es haciéndole ver que usted y él tienen el mismo objetivo. La excelencia en el diseño hará que la meta de su cliente se cumpla a cabalidad -por experiencia, se superarán las expectativas- mientras que para usted la satisfacción de un trabajo bien hecho y el reconocimiento profesional serán suficientemente valiosos como para tener un objetivo común: el mejor diseño posible.
  5. El cliente no es sólo la persona que lo atiende. Tenemos la mala costumbre de complacer a la persona que la representa a la compañía. Es muy frecuente que esta persona desconozca muchas de las realidades que vive la empresa, y por esta razón una solución de comunicación no puede darse de una manera optimizada. Su cliente es la compañía, haga la tarea completa, hable con la gente, mire el proceso de producción, salude a los operarios, investigue, haga encuestas; en definitiva, usted también es una persona desinformada -tal y como el cliente-.
  6. El cliente tiene la razón (más o menos). El cliente no sabe de diseño, si supiera, probablemente no lo contrataría; pero usted tampoco sabe del negocio de su cliente, así que él,  de cierta manera tiene la razón. Investigue el campo en el que se mueve su cliente para darle argumentos de peso sobre el diseño y el porqué de las decisiones que toma enmarcado siempre en el área específica de él, recuerde que no importa lo que le dijeron las teorías en la universidad, a veces hay que ver -u oír al cliente- para entender y proponer.
  7. Deje jugar al moreno (déjelo participar).  Es importante que el cliente tome decisiones de diseño, pero no las acostumbras (suba esto aquí, ponga esto allá), sino las que se refieren a las necesidades concretas, la estrategia, lo que considera pertinente comunicar, la cotidianidad de las piezas que se piensan diseñar, los códigos cromáticos y hasta las restricciones legales, son importantes y escucharlas -y hacer énfasis en que lo hizo- le genera confianza al cliente y le abre las puertas a una aceptación más rápida.
  8. Una sola propuesta. Sea tajante, una sola propuesta es lo que necesita para tener en consideración el cliente. Tener más propuestas usualmente genera confusión, verlas todas inspira una suerte de genio creativo en él que lo lleva a generar Frankensteins visuales. Además, sea consciente, a usted solo le queda tiempo para hacer una propuesta a profundidad -y solo le pagan por una-.
  9. Sea buena persona. Saludar amablemente, ser considerado, ser cortés y en general ser buena persona ayuda a que la predisposición de las personas sea favorable a su trabajo, recuerde que el diseño usualmente es el nervio más sensible de una institución -pero ellos no lo saben-. Ser buena persona está bien, después de todo uno no se relaciona con empresas sino con personas.

He tenido en mi experiencia laboral clientes de todo tipo, buenos regulares y malos, pero puedo decir también que el buen diseñador no es solo aquel que resuelve los problemas del cliente de una manera óptima, sino también el que logra transformar al monstruo idiota que tiene la plata en la persona amable que le permite ejercer la profesión del diseño gráfico y vivir de ella, gracias a la solución de problemas concretos a través de las herramientas que le da el diseño. Esto se puede aplicar a cualquier campo -creo yo- ya que después de todo, mi idea se resume en valorar a la gente, como dice mi mamá (gracias mamá).



[1] Una compilación muy extensa se puede ver en el grupo de facebook https://www.facebook.com/clientadas

[2] Ya sé, debería haber solo diseño, el bueno debería ser implícito, pero no siempre se da.

Crédito de la imágen: mathieu beaulieu – The Zombie  http://mathieubeaulieu.tumblr.com/

3 Comments

  1. Ivette · marzo 23, 2014 Reply

    totalmente de acuerdo!! 😉 saludos Daniel

    • Daniel Plata · marzo 24, 2014 Reply

      Hola Ivette, espero que estos consejos, que los daba en clase de manera dispersa,les sirvan en el ejercicio profesional del día a día. Un saludo.

  2. Los monstruos del diseño | Cria Cuervos · abril 4, 2014 Reply

    […] hacia el diseño -cosa que no es problema en general como lo anoté en mi entrada sobre Todo se lo debo a los clientes-; los diseñadores contribuimos con el problema, teniendo actitudes de papá regañon -no haga, no […]

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